Lo que leerán a continuación ya pasó hace varias semanas. De todos modos, las imágenes, personas y momentos vividos en nuestro viaje al estado de Oaxaca están bien presentes, haciéndonos sentir que fue una experiencia única, tal como aquellas que se enfrentan al tiempo, volviéndose constantemente un presente, sin dejar que el olvido las borre.
La primera parada fue la ciudad de Oaxaca. Es una ciudad sobre la montaña, muy hermosa, de construcciones pequeñas, con un zócalo muy arbolado, pintoresco y repleto de cafés. La arquitectura sigue, al igual que en los lugares que visitamos anteriormente, manteniendo rasgos coloniales. Ciudad capital del estado, del mezcal y del chocolate. Por las calles abundan los locales que venden la típica bebida mexicana 100% agave (en todas sus variedades y estilos) y el aroma al cacao que va a terminar en chocolates calientes o en el famoso mole negro que condimenta muchas comidas. Un par de días bastaron para recorrer las preciosas callejuelas, el Mercado de Abastos (grande entre los grandes, difícil de salir una vez que se entra por sus innumerables puestos de todotipodecosas) y las impresionantes ruinas de Monte Albán. Como se ve en las fotos de aquí abajo, Monte Albán, es una zona arqueológica ENORME. Toda una metrópolis, con sus templos, cementerios, juegos de pelota y viviendas. Nos llevó un día entero de recorrida a pleno sol.
Nuestra segunda visita fue, luego de un viaje con infinitas curvas, al pueblo de San José del Pacífico. Nos introducimos en los verdes paisajes del bosque. Un pequeñísimo poblado a 3000 metros de altura, construido en la cima de la montaña, en donde a cada vuelta de la esquina se ve una nueva postal de valles y naturaleza. Allí al fondo, sobre el horizonte y entre las montañas, el Océano Pacífico nos mira y nos tienta con su color azul (tranquilo, en breve nos veremos).
Nos hospedamos en el hippie hostel La Casa de Catalina (habitaciones compartidas de a 15 personas, donde llega el agua cada 3 días). Aunque ella, la dueña de la casa/hostel no estaba, pasamos unos días espectaculares y muy divertidos allí junto a un grupo de cuates de lo más buena onda (algunos mexicanos, otros argentinos, una cubana, una francesa, un español....). Por las tardes, al caer el sol, las nubes aparecen y tapan todo el paisaje de bosque, haciendo que sólo se vea una pared blanca: único.
El destino nos llevó a un pueblito a 8km de San José llamado San Mateo Río Hondo. Lo del destino es literal ya que un día perdidos caminando por el bosque hicimos raid (dedo) y nos llevaron hasta allí. Nos platicaron sobre la tranquilidad de San Mateo y sobre unas lindas cabañas que tiene una señora que cocina todas las noches comida de primera. Entonces, luego de 3 noches en San José, nos pasamos a las Cabañas de Blanca, en San Mateo. Este pueblitito, a pesar de estar tan cerca de San José está a 800 metros de altura menos y el paisaje es otro. Allí aprovechamos para hacer nada, simplemente descansar en un ambiente natural y tranquilo.
La montaña es la montaña, pero ya andábamos con ganas de calor, mar y arena. A dedo, y en un viaje de 3000 metros en bajada y con curvas interminables, llegamos a la playa El Mazunte.





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